El Taller de Escritura Creativa realizado entre el 18 y el 21 de febrero, en el Taller La Yaca (ubicado al interior de Café Pueblo), gestionado por Danahe Larrañaga Barraza contó con 4 sesiones. La jornada inaugural del miércoles 18 se centró en la dimensión trascendental del lenguaje, explorando cómo la complejidad de la palabra actúa como un motor en la evolución de la consciencia humana. Inspirados por la sabiduría ancestral de los Toltecas y su concepto sobre la «impecabilidad de la palabra», los participantes reflexionaron sobre la responsabilidad ética y creativa del decir. La sesión práctica permitió a los asistentes jugar con la identidad mediante la creación de pseudónimos, enfrentándolos al desafío de cohesionar términos aleatorios extraídos de un cofre para dar vida a cuentos breves, uniendo así la mística con el ingenio narrativo.

El miércoles 19 la conversación giró hacia el origen del acto creativo, distinguiendo entre la literatura deliberada (construida con intención y técnica) y la literatura inspirada (nacida del flujo interior). Se contó con la valiosa presencia de un poeta local, cuya charla sobre la inspiración sirvió de preámbulo para el aprendizaje de estructuras narrativas clásicas como in medias res, ab extrema res y la técnica aristotélica. En un ejercicio de inmersión, los talleristas utilizaron imágenes y pinturas como disparadores para crear relatos de fantasía o ciencia ficción bajo restricciones técnicas específicas, culminando con la redacción de poemas que exploraron los paisajes de su mundo interno.
La sesión del jueves 20 profundizó en la simbiosis entre la poesía y la música, analizando cómo el ritmo, la métrica y la armonía son puentes para la comunicación emocional. El estudio del verso libre fue el eje central, tomando como referencia a grandes figuras de la lírica universal y nacional como Mistral, Parra, Storni, Baudelaire y Huidobro, entre otros. Tras una lectura compartida y el análisis de diversas formas de expresión, cada participante seleccionó versos ajenos como semilla para su propia creación, cerrando la jornada con un ejercicio de observación donde el verso libre se convirtió en la herramienta para retratar la percepción del mundo exterior.
Finalmente, el sábado 21 se transformó en un espacio de comunión y cierre, donde los trabajos realizados durante la semana fueron presentados en una exposición de panel. Esta instancia no solo permitió visibilizar el progreso individual y colectivo, sino que facilitó un diálogo abierto sobre la experiencia vivida en el taller. El encuentro concluyó como una celebración de la creatividad compartida, validando el proceso literario no solo como una técnica de escritura, sino como un ejercicio vital de introspección y conexión comunitaria que dejó una huella profunda en todos los asistentes.




