¿Quiénes son los Adultos Mayores y cuáles son sus características principales?
Un adulto mayor es una persona de 60 años o más, etapa que organismos internacionales como la OMS y diversas legislaciones locales reconocen como el inicio de la vejez. Esta etapa implica cambios biológicos, psicológicos y sociales, caracterizados por un descenso gradual de las capacidades físicas, lo que exige un enfoque centrado en el ejercicio de sus derechos y autonomía. Desde el punto de vista de sus características principales, se establece una edad cronológica de referencia a partir de los 60 años y se les reconoce como sujetos de derechos, merecedores de protección frente a riesgos como la pobreza y la violencia. Cada vez más, se prefiere el término “persona mayor” para destacar su identidad y dignidad, dejando atrás expresiones que minimizan su valor y experiencia de vida.
Etapas de la vejez y derechos fundamentales
Las etapas del adulto mayor se clasifican por edad cronológica en tres fases: joven (65–74 años), intermedia (75–84 años) y avanzada (85 años en adelante). Estas fases representan una transición progresiva desde la autonomía y la salud activa hacia una mayor dependencia y necesidades de apoyo. En paralelo, los adultos mayores son titulares de derechos fundamentales que el Estado debe garantizar: el derecho a una vida con calidad, sin violencia ni discriminación; a un trato digno en cualquier procedimiento judicial; a la salud, alimentación y vínculos familiares; a la educación; y a un trabajo digno y bien remunerado. En Chile, el Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA) es el organismo público encargado de promover un envejecimiento digno, activo y saludable, reconociendo a las personas mayores como sujetos plenos de derechos.
Perfiles del adulto mayor: sano y enfermo
El adulto mayor sano es una persona independiente y autónoma, limitada únicamente por el proceso natural de la edad. Vive una etapa evolutiva propia, adaptándose a los cambios que su organismo exige, y en muchos hogares asume incluso el rol de cuidador principal. Para este perfil, la prevención y el cuidado son claves: mantener controles de salud regulares, un nivel de actividad física aceptable y una actividad lúdica motivadora son pilares de un envejecimiento saludable. No se deben restringir tareas que pueden realizar de forma adecuada. En contraste, el adulto mayor enfermo padece una enfermedad aguda que marca el ritmo de su vida cotidiana y sus limitaciones funcionales o psíquicas. La evolución de su condición determinará si recupera su autonomía o avanza hacia una mayor fragilidad, lo que definirá también las ayudas que requerirá y los pasos a seguir por parte de sus cuidadores.
Perfiles del adulto mayor: frágil y geriátrico
El adulto mayor frágil padece varias enfermedades simultáneas y presenta dependencia parcial en sus actividades cotidianas, con alta probabilidad de incrementar esa dependencia con el tiempo. El apoyo en tareas exigentes ya no es suficiente; se requiere un cuidado más organizado y sostenido, pues las demandas pueden superar rápidamente la capacidad del cuidador. Finalmente, el adulto mayor geriátrico es dependiente para las actividades básicas de la vida diaria, como vestirse, ir al baño o desplazarse, tareas que no puede realizar sin asistencia. Para este perfil, es prioritario establecer una rutina estructurada que fomente la participación activa del adulto mayor, evitando la dependencia total. La fragilidad es un factor de riesgo para la discapacidad, por lo que valorar correctamente lo que aún puede hacer con apoyo —y convertirlo en un objetivo diário— es fundamental. Una ayuda a domicilio que delegue funciones de manera planificada representará una contribución significativa tanto para el adulto mayor como para su cuidador.




