LA CUERDA
Chascona, chascona,
sostiene la soga
bate, bate
vuelta, vuelta,
chascona, chascona
vuelve y entra.
Dos puntas muy fieras
una cuerda muy suelta
al ritmo ritmo
que vuelve que vuelve
se muere se mueve
en uno, dos pies y al revés
por tres, por puerta de entrada,
salida de escape,
calor y salada.
Canta el aire, canta y silba
las cuerdas vocales
no están en su día
chascona chascona
cuán desabrida
si no vas a tiempo,
si no te encaminas,
la pauta no es pauta
sin pentagrama
son flojas las notas
que anotas,
la cuerda es muy fina,
tus piernas muy toscas.
Culebrita en el pelo,
culebrita en los pies
cunita en el cuerpo,
cunita después
chocolate que bate
bate el chocolate
en la cocina la harina
subiendo a la vez
en la fuente el tomate
bate bate, roja su piel
chascona chascona
no quieres perder
no me trago
esta pera tan dura
mejor salto y salto
en la acera, la duna.
Reclusa reclusa,
tu propia figura
no hay hierros, candados,
no hay más salida
tu corto paseo se acaba,
se anula
ventanas, postigos,
adobes, ladrillos
se abren
se parten
en dos la moldura
brinca si puedes,
brinca y brinca
ahora antes que nunca
salta el mescate,
la suiza, la comba.
Rojas las blondas
de tu vestido
te has puesto roja
por el esfuerzo
las flores de seda
que adornan el lino
florecen y crecen
en todos tus brincos
trenzadas las trenzas
de tu cabello
pasa el tiempo
como un suspiro
de mañana, la mañana
vendrá muy luego
tarde muy tarde
echo de menos el juego.
Sacude al enfermo,
despierta a los muertos.
Hipócrates dice,
diagnostica y receta,
si entiendes su letra
y su fundamento
verás que es muy bueno
saltar a la cuerda
lo dijo mi padre, el doctor
y mi abuelo,
chascona, chascona,
por lo que más quieras
perderlo no es sano,
recetable ni bueno
ahora y por siempre
incluso aunque mueras.
EL RUN – RUN
La traba y el trabador.
Tiras de cuero,
trocito de pedernal.
El botón. El ojal.
El botón, tira de cuero largo
hizo girar el run-run
sin cesar.
El botón, el ojal,
cerraron y abrieron
las prendas de vestir.
El run-run
giró y giró sin parar.
Cortó el cuero que ataba el botón
y liberó la traba del ojal.
El run-run
giró y giró sin parar.
Partió el hilo en dos,
en dos se deshiló.
Cortó el aire.
Nació el viento.
Tronchó la nube
sobre la lluvia.
Separó el horizonte del día,
trozó la hora
en sesenta agujitas locas
que no cesan de girar.
Separó el sol de la luna.
Trozó el contorno de las nubes
y afiló las gotas de la lluvia.
Abrió los ojales del espacio.
Cortó la noche,
limó el filo de los astros.
Pulió el perfil de las montañas
y dibujó sus rostros en el cielo.
Quebró la roca.
Nacieron los volcanes
y el brote de las aguas;
nació la suavidad de los valles
y la morada de los bosques.
El run-run
perfiló el borde de las olas,
abrió canales en el mar
y navegaron los barcos.
Run-runeó como abejorro.
Ron-roneó como polilla.
Rin-rineó como jilguero.
Ren-reneó cual mariposa.
Ran-raneó el sapo en el charco.
Cortó la leche.
Nació el queso.
Adormeció a la gallina.
Nació el huevo.
Calmó el suspiro de los niños.
Moderó el bostezo de los dormidos.
Espantó pesadillas.
Rebanó el pan
en la mesa del panadero.
Detuvo el trueno de la tormenta,
compuso el pentagrama del aire.
Nació la música en el oído.
Abrió los pétalos de las flores,
afiló el borde de las verdes hojas.
Recortó las letras en las sombras,
talló el contorno de las palabras.
Taló en cuatro la pulpa del árbol.
Nacieron los libros.
Separó en dos la tierra.
Nació el camino.
Separó en cien
el sembrado
y pasó el arado.
Rasuró, como un descanso,
las barbas de Dios.
Nacieron los cabellos
del infinito.
LOS ZANCOS
“Tretrekautun”
nos parece un hechizo,
acercarse al cielo
casi un prodigio,
alejarse en humos
de adoquines y presagios,
haciendo equilibrio
en el destino incierto
niños superando
el miedo.
Sobre pastos y humedales,
sobre grandes fangos
desde lo alto vigilando
que el ganado no escape
aprovechando el tiempo
bien parados bajo el cielo.
Con la cabeza
entre las ramas oscilantes
de la higuera,
entre tantas otras pruebas,
hacemos gala
de destrezas serias,
a costa de porrazos
y chicotazos más tarde,
por regresar a casa
con las rodillas imponderables.
Entre los humos inquietantes
de las vacilaciones,
golpeamos los hombros
de los danzantes de África,
“perna-depau”, malabaristas
y gigantes.
Combatientes en Namur,
hechiceros en Guinea,
los “toma”, los “tochkune”,
los espanta augurios malos,
los pastores de Vizcaya,
cuidadores de ganado,
tejedores de calcetas,
vigilando el paso de la tarde,
dominando los pantanos de Flandes.
Malabarismos,
bajo una carpa de sueños,
dueños de maromas
extraordinarias,
guiamos el transito
de los trapecistas,
asombramos a los parisinos
en sus calles empedradas,
viajamos en carromatos,
con familias y gatos
y en vano vamos al hogar
que nunca hallamos.
Cabriolas
en los Campos Elíseos
mascaradas, fantasmones,
carnavales.
Y en los pueblos vecinos,
por calles de fiesta,
con el alma encogida,
a la cabeza de Corpus Christi,
rompemos el alma
con oraciones
que silenciosamente
enviamos al mismo cielo.
Por las callejuelas
de Santiago de Compostela
por la explanada
de Guadalajara
por la bajada del Quito antiguo
por las veredas de Arequipa
por las alamedas de El Monte,
Alhué y Melipilla.
Por habilidad y equilibrio
sostenemos los pinceles
de Peter Brueghel
de Batavia en Holanda,
mezclamos los colores
de Francisco José de Goya
en España.




