El próximo martes 07 de julio se llevará a cabo en dependencias de la I. Municipalidad de Curacavi, una charla sobre el maltrado hacia los adultos mayores. Está dirigido a la comunidad en general y será realizada por la Oficina de Atención a Víctimas de la Dirección de Seguridad Pública. En la ocasión se abordarán temáticas relacionadas con la prevención, detección y abordaje de situaciones de violencia hacia las personas mayores. Una iniciativa necesaria pero a la vez coloca una pregunta tan incómoda como necesaria: cómo están nuestros adultos mayores y qué tan abandonados están?.

Hay una verdad que ninguna sociedad debería olvidar: todos, si la vida nos acompaña, aspiramos a llegar a la vejez. Sin embargo, vivimos en un tiempo donde el éxito suele medirse por la juventud, la productividad y la capacidad de consumir. En ese escenario, las personas mayores corren el riesgo de transformarse en ciudadanos invisibles, precisamente después de haber dedicado toda una vida al trabajo, al cuidado de sus familias y a la construcción del país que hoy habitamos.
La violencia contra las personas mayores no siempre deja marcas visibles. Muchas veces se manifiesta en el silencio, en la indiferencia y en el abandono. Se expresa cuando una pensión no alcanza para vivir con dignidad; cuando una persona debe elegir entre comprar sus medicamentos o alimentar su hogar; cuando espera durante meses una atención médica que llega demasiado tarde; cuando la soledad se convierte en su única compañía; cuando siente que su experiencia ya no es escuchada ni valorada.
También existe la violencia de las palabras y de las actitudes. Aquella que infantiliza a las personas mayores, que decide por ellas sin preguntarles, que las excluye de los espacios de participación o que las hace sentir una carga para sus propias familias y para la sociedad. Es una violencia silenciosa, pero profundamente dolorosa, porque hiere la dignidad de quienes más merecen nuestro reconocimiento.
Cada surco en un rostro es semejante al surco que el arado deja sobre la tierra. Ambos son la huella del tiempo, del esfuerzo y del trabajo fecundo. En cada persona mayor habita una historia de sacrificios, de sueños, de luchas y de esperanzas. Gracias a su esfuerzo hoy existen escuelas, caminos, hospitales, organizaciones sociales y comunidades que continúan creciendo sobre los cimientos que ellos ayudaron a construir.
Por eso, cuando una persona mayor vive en la pobreza, enfrenta sola una enfermedad o no puede comprar los medicamentos que necesita para aliviar su dolor, no estamos frente a un problema exclusivamente individual. Estamos frente a un fracaso colectivo. Una sociedad que abandona a quienes levantaron sus instituciones termina debilitando sus propios fundamentos éticos.
El envejecimiento no debería significar perder derechos, autonomía o dignidad. Al contrario, debería representar una etapa de reconocimiento social, de protección y de gratitud. Las políticas públicas, los sistemas de salud, las pensiones, el transporte, los espacios públicos y las organizaciones comunitarias deben construirse pensando también en quienes entregaron su vida al desarrollo de Chile.
Pero esta tarea no depende únicamente del Estado. También depende de cada uno de nosotros. Depende de cómo tratamos a nuestros padres, a nuestros abuelos, a nuestros vecinos y a quienes viven solos. Depende de si somos capaces de escuchar antes de juzgar, de acompañar antes que abandonar y de comprender que la experiencia acumulada durante una vida constituye una riqueza que ninguna sociedad puede permitirse perder.
En Curacaví tenemos la oportunidad de fortalecer una comunidad donde las personas mayores no sean vistas como una carga, sino como un patrimonio humano vivo. Una comunidad donde la solidaridad no sea un gesto ocasional, sino una forma permanente de convivir.
Porque una comunidad verdaderamente desarrollada no es aquella que únicamente construye edificios, carreteras o centros comerciales. Es aquella que construye relaciones humanas basadas en el respeto, la justicia y la dignidad.
El verdadero desarrollo de una nación no se refleja en el tamaño de su economía ni en las cifras de crecimiento que muestran los informes. El verdadero desarrollo se reconoce en la dignidad con que viven sus niños, en las oportunidades que reciben sus jóvenes, en la tranquilidad con que trabajan sus familias y, especialmente, en el respeto y la protección con que envejecen sus personas mayores.
La forma en que tratamos hoy a nuestros mayores es el legado moral que dejaremos a quienes vienen detrás de nosotros. Porque todos aspiramos a vivir muchos años, pero, por sobre todo, todos aspiramos a envejecer con dignidad. Que esta jornada no sea solo una conmemoración.
Que sea un compromiso. El compromiso de construir una comunidad donde nadie sea olvidado, donde ninguna persona mayor deba enfrentar sola la enfermedad, la pobreza o el abandono, y donde el paso de los años sea motivo de reconocimiento y no de exclusión.
Solo entonces podremos decir que estamos construyendo una sociedad verdaderamente humana.
Las civilizaciones no son recordadas por la riqueza que acumularon, sino por la dignidad con que trataron a sus seres humanos.»




