El árbitro pitó «fair play» al inicio del partido Mundial 2026 por Octavos entre Argentina y Egipto, sereno, orgulloso y quien sabe si con esa convicción parecida a la de un político al prometer no subir impuestos: mucha solemnidad, cero cumplimiento. Nada más empezar la contienda, aparecieron los empujones similares a coreografía de tango, tirones de camiseta dignos de un Cyberday con ofertas nada de creíbles y un par de patadas en el culo revisadas por el VAR, con la lentitud reinante de un trámite en el registro civil, para finalmente concluir lo obvio: todo estaba «dentro del reglamento». El fair play y las dietas, en el fondo, empiezan mañana y es una intención noble respetada por nadie, una vez el tiempo del presente, se hace presente.
Y respecto de milagros realmente existentes: el árbitro inventó un penal para Argentina y recurrió a la creatividad de un conocido guionista de telenovela, desesperado por subir el rating para argumentar su decisión, sin embargo ese regalo no alcanzó: Messi, el Balón del Año en repetidas ocasiones y visitante en el Despacho Oval con Donald de cabrón, domesticador de balones de cualquier manera, pateó todo sobrado y el arquero egipcio atajó con una mano mientras con la otra acariciaba a una gata faraónica gorda y regalona. Seguro, en las calles atestadas de negocios en El Cairo un niño soltó la frase: «El que espera lo imposible, que se siente a la sombra de una pirámide; ahí al menos hay techo». Una niña, más filosófica, remató: «Un penal fallado no es tragedia, simplemente Alá nos recuerda, el fútbol también tiene sentido del humor».
Fuera del estadio mundialista luego de varios entuertos futbolísticos, todos en el reglamento de la FIFA, donde ahora sabemos, Infantino y Trump, se salen con la de ellos, sobre las nubes, un Borges reordena su biblioteca infinita y busca en qué párrafo de Kafka cabía semejante resultado, tras el asombroso 3 para Argentina y 2 para Egipto. Piazzolla intentó componer un tango alegórico pero el bandoneón se negó a colaborar. Fito Páez juró que «un vino y mil rosas» no alcanzaban para celebrar esta ayudita de Maradona hecho Dios, y Perón, incrédulo, murmuró unos monosílabos del todo olvidable. Mientras tanto, en el plano terrenal, Trump ofreció mediar personalmente para que Argentina gane «la próxima contienda, va a ser tremendo», y Milei, motosierra en mano, propuso «desregular el resultado porque así se gana, carajo!!».
Y desde algún rincón del cielo futbolero, con la nostalgia de quien vio ganar mundiales de otra manera, Maradona suspira con tristeza: «che.. así no se juegan los mundiales, muchachos… vuelvan a tomar mate, que este equipo necesita menos VAR y más ganas».




