¿Tiene todo origen una relación con un punto?. ¿Es la semilla infinitesimal de una presencia pura para un individuo irrepetible?. Lobos, delfines y ciertos hongos se reúnen alrededor de un círculo. Los lobos para cohesionar la manada, los delfines en la práctica de la caza en espiral y los hongos crecen de manera radial desde un punto de origen central. ¿Cómo fue, nosotros nos reunimos en un círculo?. Tomemos una opción: para descansar luego de la gran caminata. Y en ese descanso nos miramos, acordamos algo, pensamos, se discute y se aprecia: el resultado de uno es el resultado de todos.
El círculo nace cuando ese punto se pone en movimiento y mantiene una distancia constante respecto a sí mismo. Allí nadie tiene una posición distinta. La mirada recorre la misma amplitud y todas las voces recorren esa distancia idéntica hasta el centro. El círculo da origen a una democracia, una democracia geométrica: los cuerpos expelen calor, los ojos transmiten todo aquello las palabras no dicen, y el silencio compartido tiene peso y textura. Cada persona, entendida como un punto, no desaparece al unirse: se vuelve más nítida pues el círculo la necesita entera para cerrarse.
Es el punto el inicio de algo?. Probablemente no, más bien, es la pausa anterior a todo, el instante donde el silencio decide volverse forma y la observación se convierte en gesto. Desde esa quietud absoluta, nace el círculo, una geometría falto de fronteras, con perímetros de pertenencia.
El círculo, al educar sin jerarquías -no tiene ángulo dominante ni vértice privilegiado-permite, el color se distribuya con una sensación de lo expresado que ningún polígono alcanza; y en su forma circular convoca la mirada hacia adentro antes de liberarla hacia afuera. Enseña a comprender, algo puede ser rodeado con paciencia antes de atravesarlo con prisa. Tiene una perspectiva cuyo acto educativo roza y se establece en el aprendizaje.
Sin embargo, tenemos un pero diferenciador: el círculo es plano, y la vida humana no. Cuando ese principio generador —un punto equidistante de sí mismo— se libera hacia la tercera dimensión, surge la esfera: el círculo se profundiza en una suerte de aprendizaje. Algo nos incomoda, algo nos emociona, algo nos abre la frontera: es la imagen de la intuición creativa. La intuición no tiene ni sentido ni fuerza; es ámbito de lo aun por conocer; desciende hacia los subterráneos donde la lógica lineal no alcanza, explora ese hemisferio oculto, jamás se ve desde afuera.
Nosotros hemos necesitado de ambas figuras y en ese orden. Primero la reunión presencial con una posición permita, el contorno sea continuo. Luego la esfera: una invitación para sumergirnos en la propia profundidad y se desarrolle la intuición. Hoy, en esta coyuntura tecnocentrista, tenemos un punto crítico al respecto: una civilización con su círculo extraviado, al sustituir la presencia por la pantalla, se queda sin el suelo desde el cual puede crecer la esfera. Y una civilización que no cultiva la esfera, al solo circular en la superficie del encuentro sin jamás profundizar, gira eternamente sin generar nada nuevo. El punto es uno mismo. El círculo es la comunidad; y la ¿esfera?. Allí está el destino.
Cuando ese círculo gira sobre sí mismo y conquista la tercera dimensión, nace la esfera y la esfera entonces se vuelve círculo hecho mundo y aglutina en su superficie todo lo tocado sin retenerlo por la fuerza. En la esfera, encontramos la creación en su forma más honesta, aquella solo puede surgir de quien supo estar inmóvil lo suficiente y comprende, la obra más verdadera no es esa se impone al espacio, sino esa lo completa.
Y en estas latitudes, ArteJoven Kuracaví toma esta relación dimensional entre la persona y su intuición y ello, respecto de otras personas con sus intuiciones. Y a través de El Puente de las Artes y las Culturas, una iniciativa articulada en torno a las comunidades artísticas y comunitarias locales con la difusión de talleres, conversatorios u homenajes, la diversidad generacional genera una propuesta esférica donde con Arte Joven, año a año, podemos apreciar lo realizado. Toda una oportunidad para la comunidad de Curacaví y una experiencia para quienes exponen en esta ocasión, a partir del desafío del punto, el círculo y la esfera, todo un desafío, engloba a la dinámica cultural en un espacio de reunión -Curacavi se traduce como reunión en la Piedra-, escucha y diálogo entre generaciones y miradas diversas, con compromiso territorial.




