Romper el individualismo: recuperar el sentido de comunidad

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¿Cómo podemos romper el individualismo? Es una pregunta profunda y, probablemente, una de las más importantes de nuestro tiempo.

Vivimos en una sociedad en la que lo colectivo parece haber perdido espacio frente a una visión cada vez más centrada en el beneficio personal. Muchas veces las personas orientan sus esfuerzos exclusivamente hacia sus propios intereses, sus aspiraciones individuales y la búsqueda permanente de mayor bienestar material, olvidando que también existe una responsabilidad con los demás y con la sociedad de la que formamos parte.

Si observamos nuestra realidad nacional, resulta necesario preguntarnos cómo superar este individualismo que nos impulsa a querer tener cada vez más: más bienes, más recursos, más riqueza y mayores comodidades. El problema no está en aspirar a una vida mejor, sino en hacerlo desconectados de quienes nos rodean, como si nuestro bienestar pudiera construirse completamente al margen del bienestar colectivo.

La vida humana no puede reducirse únicamente a la acumulación material. Existen otros bienes igualmente valiosos: la amistad, la solidaridad, la confianza, el afecto, la cooperación y el sentido de pertenencia a una comunidad.

Necesitamos recuperar la aspiración a una vida más plena, en la que no pensemos solamente en nuestro propio bienestar, sino también en el de quienes viven, trabajan y conviven con nosotros. Somos seres interdependientes. Nuestras decisiones y acciones tienen consecuencias sobre otras personas y, de la misma manera, nuestra propia vida se sostiene gracias al aporte permanente de muchos otros.

Romper el individualismo implica, entonces, derribar aquellas barreras que nos impiden reconocernos como parte de una comunidad.

Una de las claves está en volver a colocar el bien común en el centro de nuestra vida social.

Buscar el bien común no significa pretender que todos pensemos igual ni que todas las personas deban avanzar en una única dirección. Por el contrario, una sociedad verdaderamente humana debe ser capaz de respetar las diferencias, las identidades, las convicciones y la libertad individual.

Lo colectivo no debe anular al individuo. Debe permitir su desarrollo.

El desafío consiste en construir una sociedad donde cada persona pueda crecer plenamente, pero comprendiendo al mismo tiempo que su propio desarrollo está profundamente ligado al desarrollo de los demás.

Por eso, el bienestar social no debe entenderse como una negación de lo personal. El verdadero bien común reconoce la dignidad del individuo, protege sus derechos y respeta su identidad, pero también le recuerda que forma parte de una construcción mayor.

Cada persona constituye una pieza fundamental dentro de un gran entramado social.

Somos parte de una comunidad local, de un país, de un continente y, finalmente, de una humanidad que comparte un mismo planeta. Desde esa perspectiva, el bienestar personal no puede separarse completamente del bienestar colectivo.

Difícilmente podremos hablar de una vida verdaderamente plena si vivimos rodeados de pobreza, desigualdad, violencia, abandono o exclusión. Nuestro propio bienestar pierde sentido cuando se construye sobre la indiferencia frente al sufrimiento de los demás.

Por eso, superar el individualismo requiere intencionalidad.

La solidaridad debe educarse, promoverse y practicarse. No puede quedar reducida a un valor abstracto o a una declaración de buenas intenciones. Debe expresarse concretamente en nuestra vida cotidiana, en nuestras relaciones, en nuestras instituciones y en nuestras decisiones.

Esta reflexión debería estar presente en la educación, en los medios de comunicación, en nuestros artículos y debates públicos, en las políticas sociales y en todos aquellos espacios desde los cuales podemos contribuir a construir una sociedad mejor.

También debemos incorporar esta mirada al desarrollo tecnológico.

Hoy se habla ampliamente de inteligencia artificial, automatización y transformación digital. Sin embargo, la pregunta fundamental no es solamente hasta dónde pueden avanzar estas tecnologías, sino al servicio de quiénes estarán esos avances.

Necesitamos una inteligencia artificial puesta al servicio de las personas y de la sociedad.

Una tecnología que contribuya a mejorar la educación, la salud, la cultura, el conocimiento y las oportunidades; que fortalezca la cooperación en lugar de profundizar la competencia; que ayude a disminuir desigualdades y que contribuya a construir sociedades más justas, inclusivas y humanas.

La tecnología debería ser una herramienta para el progreso colectivo y no un instrumento que aumente la distancia entre las personas.

Romper el individualismo significa, en definitiva, recuperar la conciencia de que nuestra existencia posee también una dimensión comunitaria.

Somos individuos, pero vivimos junto a otros. Necesitamos de otros, aprendemos de otros y construimos permanentemente con otros.

Tal vez uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo sea volver a aprender a decir “nosotros” sin dejar de ser “yo”.

Construir una sociedad en la que la realización personal y el bienestar colectivo no sean vistos como fuerzas opuestas, sino como dimensiones complementarias de un mismo proyecto humano.

Porque no existe un verdadero progreso cuando algunos avanzan dejando a otros atrás.

El futuro será verdaderamente humano cuando comprendamos que nuestro propio bienestar alcanza su mayor sentido cuando también contribuye al bienestar de los demás.

Miguel Almendras Orellana
Miguel Almendras Orellana
Miguel Almendras Orellana. Profesor de Historia y Geografía. Magister en Gestión Educacional

3 COMENTARIOS

  1. Necesarias y buenas reflexiones en este momento en que se vive en forma exacerbada mente individualista, respondiendo, fundamentalmente al bombardeo del modelo socio político, económico y cultural al que nos ha llevado el neoliberalismo. En todas las esferas de nuestras vidas han introducido la ideología que sostiene este modelo, desde hace muchas décadas y el tema del individualismo ha sido su máxima expresión, primero para destruir el tejido social y político que tanto costó construir y, por otro lado, atomizar la organización que se ha dado la gente en los diferentes espacios de participación para dar paso a una lucha personal por encontrar mejoras en la vida, sin que el colectivo tenga valor frente a lo se puede aspirar en forma personal.
    El ser gregario es una tendencia natural del ser humano, vivir y luchar en comunidad es una condición elemental para el desarrollo humano y poder aspirar a mayor equidad, hacia allá, precisamente, han centrado los esfuerzos los ideólogos neoliberales y los dueños del capital para destruir al “animal político “ del que hablaba Aristóteles desde la antigüedad que alcanza su realización viviendo y luchando en comunidad.

  2. a mi me tinca, la individualidad es una cosa y el individualismo otra… de esta última hacen su negocio para que no dejemos de mirarnos el ombligo… y el resultado es: terminamos solos, más miserables y con mucho odio hacia el vecino, que probablemente esté en las mismas…. mientras ellos, los que amasan el Poder, se cagan de la risa…

  3. cuando la comunidad se rompe, tarda mil años en recomponerse, parecido al equilibrio ecológico…. a veces, quisiera ser una cucaracha.. ellas tienen memoria colectiva…..

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