Tres casos, una pregunta anterior a la agresión
En poco más de una semana, tres episodios graves volvieron a poner la violencia entre estudiantes en el centro de la discusión. En La Granja, una niña de siete años resultó herida con un cuchillo presuntamente por otra estudiante de 13 años dentro de una escuela; en San Bernardo, un estudiante murió tras recibir una herida cortopunzante en una riña ocurrida fuera de su liceo; y en Osorno, un estudiante de primero medio regresó a su establecimiento con un destornillador y amenazó a integrantes de la comunidad educativa después de una discusión. Son hechos distintos, con contextos e investigaciones propias, y no permiten construir una causa única. Pero sí obligan a mirar una pregunta común: ¿qué ocurre antes de que un conflicto educativo llegue a un arma, una amenaza grave o una muerte? [12][13][14]
La violencia grave rara vez puede comprenderse solo mirando el minuto final. Antes pueden existir provocaciones, exclusiones, amenazas, conflictos que continúan por redes sociales, problemas familiares, malestar socioemocional o señales que no fueron reconocidas, comunicadas o abordadas a tiempo. Esa cadena no está probada en cada uno de los casos citados; precisamente por eso, investigarla es más útil que completar los vacíos con explicaciones apresuradas.
La evidencia nacional obliga a evitar dos exageraciones. No todos los establecimientos son lugares peligrosos: un análisis de los Cuestionarios de Calidad y Contexto del Simce 2023 mostró que 78,3 % de las personas consultadas consideró que su escuela presentaba un ambiente seguro [1]. Pero una mayoría que se siente segura no vuelve irrelevante a quienes viven una experiencia distinta. El SITAN 2025 de UNICEF, con datos de estudiantes de II medio, muestra que 52,8 % declaró percibir respeto en su curso; 20,7 % señaló que se habían burlado de él o ella durante el último año y 4,3 % que había sido golpeado. En esos indicadores, las experiencias negativas tienden a ser mayores en los niveles socioeconómicos más bajos [2].
La pregunta decisiva, entonces, no es únicamente cuántas agresiones terminan en una denuncia. También importa cuántos conflictos se normalizan antes: la burla que deja de parecer excepcional, la amenaza que se interpreta como juego, la pelea que sigue en un chat o la señal de riesgo que nadie logra transformar en una intervención oportuna.
La nueva ley: más herramientas, pero también más exigencias
La Ley 21.809, publicada el 1 de abril de 2026 y vigente desde el 1 de julio, establece un marco sobre convivencia, buen trato y bienestar de las comunidades educativas. Entre otros cambios, fortalece la Política Nacional de Convivencia Educativa y establece nuevas exigencias para los planes de gestión, con objetivos, estrategias, acciones y metas en materias como participación, igualdad, resolución pacífica de conflictos, mediación, responsabilidades digitales, desarrollo socioemocional y salud mental. La propia ley concede a los establecimientos subvencionados o que reciben aportes del Estado un plazo de nueve meses desde su entrada en vigencia para implementar varias de estas modificaciones [3].
La ley también contempla que los sostenedores puedan implementar recursos tecnológicos para identificar o detectar armas, artefactos incendiarios u otros elementos similares. No es, sin embargo, una autorización automática para instalar detectores sin condiciones. El artículo 10 exige el acuerdo del Consejo Escolar o de la comunidad educativa, según corresponda; obliga a elaborar un protocolo interno; exige su aprobación por la Subsecretaría de Educación, previo informe técnico del Ministerio de Seguridad Pública; y ordena que los requisitos y procedimientos se desarrollen en un reglamento que debe dictarse dentro de los doce meses siguientes a la publicación de la ley [3].
Esto permite responder una duda práctica. En todo establecimiento dependiente de un sostenedor que reciba subvenciones o aportes regulares del Estado debe existir un Consejo Escolar [3]. En términos generales, sus atribuciones son informativas, consultivas y propositivas, y puede tener carácter resolutivo cuando el sostenedor así lo determine [4]. Pero, para la decisión específica regulada por el artículo 10 de la Ley 21.809, la norma exige expresamente su acuerdo -o el de la comunidad educativa, según corresponda-. En esa materia no basta una consulta meramente formal [3].
La tecnología puede reducir un riesgo concreto: el ingreso o presencia de un objeto peligroso. Pero no detecta una humillación acumulada, una amenaza transmitida por mensajería, un aislamiento progresivo o una escalada que se está produciendo fuera de la vista de los adultos. La propia ley combina seguridad con prevención, mediación, salud mental y responsabilidades digitales. El desafío es que esa combinación llegue a la práctica y no termine reducida a una nueva capa de documentación.
La educación ciudadana no desapareció
También es tentador explicar estos episodios diciendo que Chile dejó de enseñar educación cívica. Esa afirmación no es correcta en esos términos. Desde 2016, la Ley 20.911 obliga a todos los establecimientos reconocidos por el Estado, desde educación parvularia hasta enseñanza media, a contar con un Plan de Formación Ciudadana [6]. Además, el currículum de 3° y 4° medio incluye la asignatura Educación Ciudadana; en 4° medio, sus propósitos formativos mencionan expresamente la construcción de acuerdos, la resolución pacífica de conflictos y el resguardo de la dignidad del otro [7].
El problema, por lo tanto, no puede formularse simplemente como ausencia de contenidos. La pregunta más exigente es si esos contenidos se convierten en prácticas reales cuando un curso discute, enfrenta una burla, presencia una agresión o debe decidir si informa una amenaza. La ciudadanía se aprende también viviendo reglas que parecen justas, observando adultos que actúan coherentemente y comprobando que existen canales efectivos para pedir ayuda y reparar el daño.
Pandemia, redes y capacidad adulta de respuesta
La Política Nacional de Convivencia Educativa 2024-2030 declara expresamente que su actualización responde, entre otros factores, a las necesidades que el sistema evidenció después de la pandemia, la ausencia sostenida de clases presenciales y el reencuentro en la presencialidad [5]. La vuelta a las aulas no garantizaba por sí sola recuperar habilidades que se ejercitan en interacción: tolerar frustraciones, negociar, pedir ayuda, reconocer límites o detener una escalada.
Las redes sociales agregan una segunda escena. Un conflicto puede comenzar en el patio, continuar en un chat, ganar espectadores y volver al establecimiento convertido en desafío público. Por eso la nueva regulación incorpora cuidados y responsabilidades digitales. La alfabetización en este ámbito no puede reducirse a prohibir teléfonos: también implica enseñar a reconocer una amenaza, no amplificar una humillación, preservar evidencia cuando corresponde y saber a quién acudir.
La evidencia internacional apunta en la misma dirección: UNESCO propone abordar la violencia con un enfoque integral del sistema educativo, y UNICEF destaca intervenciones que combinan participación de la comunidad, capacidades docentes, habilidades socioemocionales, mediación y resolución de conflictos [10][11]. La vigilancia puede ser una herramienta; no sustituye una arquitectura de prevención y respuesta.
Migración: cuándo la nacionalidad informa y cuándo distrae
La nacionalidad de un estudiante puede ser periodísticamente relevante, pero solo cuando existe una relación verificable con lo que se intenta explicar. Por ejemplo, si una barrera idiomática impidió pedir ayuda; si hubo hostigamiento específicamente xenófobo; si una dificultad de comunicación con la familia afectó el acceso a apoyos; o si el origen nacional forma parte acreditada del conflicto. En esos casos, el dato ayuda a comprender un mecanismo concreto.
Fuera de ese contexto, la nacionalidad corre el riesgo de funcionar como un atajo narrativo. Un estudio del Centro de Estudios Públicos sobre matrícula inmigrante en Chile no encontró un deterioro del clima de convivencia asociado a una mayor concentración de estudiantes inmigrantes; en el período analizado, el resultado fue incluso favorable, aunque los propios autores llaman a interpretar los resultados con cautela [8]. A la vez, investigación cualitativa publicada en Estudios Pedagógicos ha documentado procesos de racialización, estigmatización y discursos nacionalistas hacia estudiantes migrantes, lo que muestra que la integración también depende de cómo la comunidad recibe y organiza la diversidad [9].
En el caso de La Granja, los antecedentes públicos citados en esta nota informaron las nacionalidades de las involucradas, pero no las presentaron como un móvil acreditado del ataque [12]. Por eso, en el relato principal el dato puede omitirse sin perder capacidad explicativa. Si más adelante una investigación estableciera una relación concreta con discriminación, integración o acceso a apoyos, entonces sí adquiriría relevancia causal y no solo descriptiva.
La pregunta que debería quedar
Los casos de La Granja, San Bernardo y Osorno no son intercambiables. Uno ocurrió dentro de una escuela y dejó a una niña herida; otro terminó con la muerte de un estudiante fuera de un liceo; el tercero culminó con amenazas y una detención sin heridos por el objeto punzante. Usarlos como si probaran una misma tesis sería tan problemático como ignorar que, juntos, vuelven visible una preocupación común: la capacidad de las comunidades educativas para reconocer y gestionar escaladas de violencia [12][13][14].
La nueva institucionalidad puede aportar mejores protocolos, equipos, herramientas de detección y coordinación. Pero su prueba real no será la cantidad de documentos generados ni la sola presencia de tecnología. Será si un estudiante puede pedir ayuda antes de que el conflicto escale; si un adulto sabe qué hacer con una señal ambigua; si la información circula entre escuela, familia y apoyos especializados; y si las reglas producen confianza antes de que sea necesario invocar una sanción.
La pregunta final, por eso, no es buscar una explicación rápida en la nacionalidad, en una etiqueta familiar o en una supuesta ausencia total de educación cívica. Es reconstruir qué señales existieron, quién podía verlas, qué capacidad tenía para intervenir y qué falló antes del daño. Ahí está la investigación más difícil y, probablemente, la más útil.
Nota metodológica. Las fuentes permiten describir tendencias, normas y antecedentes públicos de los casos, pero no demostrar un móvil común ni atribuir causalidad colectiva a estudiantes, familias, nacionalidades o barrios. En hechos sujetos a investigación, se privilegió describir solo antecedentes coincidentes o atribuidos a autoridades y se evitó incorporar rumores sobre menores de edad.
Referencias verificadas
- Fuentes revisadas para esta versión. Se priorizaron normas y organismos oficiales, publicaciones académicas y, para los hechos recientes, medios con antecedentes atribuidos a policías, Fiscalía o los establecimientos involucrados.
- [1] Agencia de Calidad de la Educación. “Estudio de la Agencia de Calidad: 78,3 % de las comunidades educativas considera que su escuela es un ambiente seguro”, 7 de mayo de 2024. https://www.agenciaeducacion.cl/estudio-de-la-agencia-de-calidad-783-de-las-comunidades-educativas-considera-que-su-escuela-es-un-ambiente-seguro/
- [2] UNICEF Chile. Análisis de la situación de la niñez y adolescencia en Chile – SITAN 2025, especialmente p. 69 del informe final. https://www.unicef.org/chile/media/13176/file/SITAN%202025.pdf
- [3] Biblioteca del Congreso Nacional de Chile. Ley N° 21.809, “Sobre convivencia, buen trato y bienestar de las comunidades educativas…”, publicada el 1 de abril de 2026. Véanse especialmente el artículo 10 y las disposiciones transitorias. https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=1222799
- [4] Superintendencia de Educación. “Consejo Escolar: Participación para mejorar la calidad educacional”. https://www.supereduc.cl/contenidos-de-interes/consejo-escolar-participacion-para-mejorar-la-calidad-educacional/
- [5] Ministerio de Educación. Política Nacional de Convivencia Educativa 2024-2030. https://epja.mineduc.cl/wp-content/uploads/sites/43/2024/08/Politica-Nacional-de-Convivencia-Educativa-MINEDUC-2024.pdf
- [6] Biblioteca del Congreso Nacional de Chile. Ley N° 20.911, que crea el Plan de Formación Ciudadana para los establecimientos educacionales reconocidos por el Estado. https://www.bcn.cl/leychile/navegar?idNorma=1088963
- [7] Currículum Nacional, Ministerio de Educación. Educación Ciudadana, 4° medio, Formación General. https://www.curriculumnacional.cl/curriculum/3o-4o-medio/educacion-ciudadana-4-medio/4-medio-fg
- [8] Centro de Estudios Públicos. “Dónde estudian, cómo les va y qué impacto tienen los escolares inmigrantes”, 2019. https://static.cepchile.cl/uploads/cepchile/2022/09/libro_inmigracion_educacion.pdf
- [9] Pavez Soto, Iskra; Ortiz López, Juan; Domaica Barrales, Anastassia. “Percepciones de la comunidad educativa sobre estudiantes migrantes en Chile: trato, diferencias e inclusión escolar”. Estudios Pedagógicos, vol. 45, n° 3, 2019. https://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0718-07052019000300163&script=sci_arttext
- [10] UNESCO. “Safe learning environments: Preventing and addressing violence in and around school”, actualización 17 de marzo de 2026. https://www.unesco.org/en/health-education/safe-learning-environments
- [11] UNICEF. Social and Behaviour Change Strategies for Addressing Violence Against Children In and Around Schools, 2021. https://www.unicef.org/media/97711/file/C4D-VAC-CS-2021.pdf
- [12] BioBioChile. “Niña de 7 años es apuñalada por otra estudiante en colegio de la región Metropolitana”, 27 de julio de 2026. https://www.biobiochile.cl/noticias/nacional/region-metropolitana/2026/07/27/nina-de-7-anos-es-apunalada-por-otra-estudiante-en-colegio-de-la-granja.shtml
- [13] BioBioChile. “Cámara capta fatal riña de estudiantes que terminó con la vida de menor de 16 años en San Bernardo”, 30 de julio de 2026. https://www.biobiochile.cl/noticias/nacional/region-metropolitana/2026/07/30/camara-capta-fatal-rina-de-estudiantes-que-termino-con-la-vida-de-menor-de-16-anos-en-san-bernardo.shtml
- [14] Emol. “Detienen a alumno que amenazó con destornillador a compañeros y profesores en liceo de Osorno”, 4 de agosto de 2026. https://www.emol.com/noticias/Nacional/2026/08/04/1207554/alumno-amenaza-arma-companeros-carabinero.html
Fuente: resumen.cl




