Sobre el abandono del Parque Cerro Chena y sus consecuencias para las mujeres, disidencias y niñeces del territorio

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El 3 de julio, el Ministerio de Vivienda y Urbanismo hizo pública su posición: “el MINVU no asumirá la
mantención del Parque Cerro Chena”. Tras escalar el conflicto, ha propuesto financiar solo un tercio. La
pregunta sigue sin respuesta: ¿quién financiará los otros dos tercios? Abrir esa puerta a privados contraviene
el carácter público del parque y habilita el lucro sobre un espacio de todos; trasladarla a los municipios
tampoco es solución, porque no cuentan con las herramientas para administrarlo. Esta responsabilidad debe
quedar en Parquemet, la institución competente para hacerlo.

El ministro ha justificado esta decisión situando la vivienda como su prioridad. No obstante, el mandato legal
del MINVU incluye la responsabilidad sobre los parques, y esto no es indecisión ni falta de recursos: es
manipulación. El MINVU sabe que dejar el parque sin financiamiento provoca una crisis lo suficientemente
grave como para forzar su privatización como única salida aparente. Desentenderse del mandato legal y, al
mismo tiempo, abrir la puerta a que privados asuman lo que el gobierno no quiere asumir, no es negligencia:
es una estrategia.

Este territorio necesita el parque. Cerca de 1,5 millones de habitantes de la zona sur se verían beneficiados
por su plena operación. No es un capricho local: es una infraestructura de escala metropolitana que el
Estado, y solo el Estado a través de Parquemet, debe garantizar.

En el Chena conviven memoria, historia y naturaleza: el Pucará, sitio ceremonial incaico y Monumento
Histórico desde 1977; el Sitio de Memoria, donde aún falta construir el memorial en honor a las víctimas de
la dictadura; y un ecosistema de alto valor en la Región Metropolitana, con centenares especies de flora,
fauna y funga nativa y endémica. Ese valor no se negocia ni se recorta. Ese valor está en grave peligro.
Construir viviendas sin considerar cerros, humedales y parques no constituye una solución urbana, sino una
condena. Es precisamente el modelo de ciudad que nos ha dejado más expuestas frente a los desastres que
hoy enfrentamos. No es posible invocar la emergencia climática para justificar el desfinanciamiento de la
infraestructura verde que, precisamente, protege al territorio frente a esa misma emergencia.

La decisión de no asumir la mantención del Chena afecta de manera particular a las mujeres, las disidencias
y las niñeces. Un hombre puede recorrer prácticamente cualquier espacio de la ciudad en solitario; para las
mujeres, esa posibilidad está permanentemente condicionada por el riesgo. Un parque bien mantenido,
seguro, iluminado y con presencia comunitaria constituye una de las pocas garantías concretas de poder
habitar el territorio sin temor. Cuando el gobierno renuncia al Chena, expone la fragilidad de su propio
discurso de seguridad: no es posible sostener un compromiso con la seguridad ciudadana mientras se
abandonan los espacios públicos que la hacen posible. El acceso libre a la ciudad y a sus áreas verdes es,
cuando menos, un principio reconocido tanto en la agenda urbana internacional como en la propia Política
Nacional de Parques Urbanos, y no una concesión discrecional del gobierno.


San Bernardo ha vivido situaciones extremadamente dolorosas, que han terminado con la muerte de
adolescentes de este territorio. Abordar esta realidad exclusivamente desde la lógica de la criminalidad
constituye una mirada estrecha. La pregunta de fondo es otra: ¿cómo puede esperarse que niñas, niños y
jóvenes desarrollen un vínculo de cuidado con su entorno si lo único que han conocido son calles
deterioradas, entornos violentos, hacinamiento y pobreza? ¿Dónde pueden las familias, las niñeces y las
personas mayores de este territorio desplazarse con la seguridad que merecen? Existe hoy una generación
completa que ha crecido en San Bernardo sin conocer el Cerro Chena.

La Colectiva Tijeral desarrolla en este cerro un trabajo de mediación ambiental y rutas guiadas de memoria
histórica, una instancia colectiva que permite a las mujeres acercarse al territorio de forma organizada y
acompañada. La decisión del MINVU de no asumir la mantención del parque dificulta, de manera concreta,
esta labor. En nuestros propios monitoreos y recorridos hemos constatado la instalación de rucos, la
presencia de personas con escopeta y casquillos, cazando en una zona donde la caza está prohibida, y
fogatas encendidas pese a estar prohibidas por ordenanza municipal y por la normativa de prevención de
incendios. Estas condiciones representan un riesgo para quienes recorremos el cerro, para el ecosistema,
para la comunidad, y en última instancia, para la vida.

Un parque abandonado no es un parque vacío: es un espacio entregado a quien decida ocuparlo sin
control ni cuidado. El propio MINVU lo ha reconocido al hablar de parques de la red Parquemet “en estado
crítico” por falta de mantención; el Chena no puede sumarse a esa lista por decisión explícita del gobierno.
Por todo esto, junto a las demás organizaciones del territorio, exigimos: el financiamiento pleno y
permanente del parque, sin condicionarlo a emergencias ni coyunturas; su carácter público, gratuito y de
libre acceso, sin cobro de entrada ni privatización; que la administración quede radicada en Parquemet; la
convocatoria e institucionalización del Consejo Consultivo con participación real de las organizaciones
sociales; la protección y el financiamiento efectivo del Pucará de Chena; los recursos para construir el
memorial comprometido en el Sitio de Memoria; y canales reales, transparentes y vinculantes de
participación ciudadana en todas las decisiones sobre este territorio.

Invitamos a las organizaciones feministas, lesbofeministas, transfeministas y disidentes; a las organizaciones
ambientales, a quienes luchan por el derecho a la ciudad, a las huerteras, a las organizaciones de parques,
a ciclistas, trekkeras y pajareras; a las organizaciones territoriales y de la periferia; a las organizaciones de
memoria, a tinkus, caporales, a agrupaciones de pueblos originarios, a medios de comunicación, a difundir
esta alerta y a sumarse a las acciones que vienen.

El Cerro Chena se defiende
Colectiva Tijeral

Colectiva Tijeral
Colectiva Tijeral
es una organización ecofeminista de la comuna de San Bernardo en la Región Metropolitana de Santiago, Chile. El grupo defiende el medio ambiente y lucha por la protección de los cerros isla, con un rol activo en la preservación del Cerro Chena.

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