El Poroto, el narcotráfico y el secreto del dinero

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La muerte de “El Poroto” en Lo Espejo no puede entenderse solamente como otro episodio de violencia narco. Es también una señal del grado de penetración que puede alcanzar el crimen organizado cuando logra acumular dinero, controlar territorios y amenazar incluso a quienes representan al Estado.

El caso adquiere especial gravedad porque “El Poroto” estaba siendo investigado en una causa vinculada a amenazas contra la alcaldesa de Lo Espejo. Cuando una autoridad debe ejercer sus funciones bajo protección policial por enfrentar al narcotráfico, ya no estamos únicamente ante un problema de delincuencia: estamos frente a una amenaza a la institucionalidad democrática.

Pero existe otra dimensión que muchas veces permanece en segundo plano: el dinero.

El narcotráfico necesita vender droga, pero también necesita mover sus ganancias, ocultarlas y transformarlas en patrimonio aparentemente legítimo. Requiere cuentas, propiedades, vehículos, empresas, prestanombres y redes financieras capaces de dar apariencia legal a recursos de origen ilícito. Por eso combatir al narcotráfico solamente en las poblaciones resulta insuficiente.

Hay que seguir la droga, pero sobre todo hay que seguir el dinero.

En Chile continúa la discusión respecto de las facultades que debiera tener la Unidad de Análisis Financiero para acceder a información bancaria en investigaciones relacionadas con crimen organizado. La controversia enfrenta dos preocupaciones legítimas: proteger la privacidad de las personas y entregar al Estado herramientas suficientemente rápidas para detectar y perseguir dinero ilícito. Sin embargo, la demora obliga a formular una pregunta incómoda: ¿A quién beneficia que la ruta del dinero permanezca oculta?

No existen antecedentes públicos suficientes para afirmar que un determinado “poder oculto” esté bloqueando el levantamiento del secreto bancario. Pero tampoco resulta razonable ignorar que las organizaciones criminales manejan enormes cantidades de recursos y que ese dinero necesariamente termina relacionándose con la economía formal.

El narcotráfico más peligroso no es únicamente el delincuente armado de una esquina. Es también la estructura que permite que millones provenientes del delito ingresen al sistema económico sin ser detectados. Por eso debemos preguntarnos no solamente quién vende la droga, sino: ¿Quién administra sus millones? ¿Quién los recibe? ¿Quién los transforma en bienes? ¿Quién facilita que desaparezca su origen?

Las garantías frente a los abusos del Estado son indispensables. Cualquier acceso a información bancaria debe contar con controles, responsabilidades y sanciones frente a un uso indebido. Pero esas garantías tampoco pueden convertirse en una barrera que haga imposible investigar eficazmente el patrimonio de organizaciones criminales.

El verdadero poder del narcotráfico se construye sobre tres elementos: dinero, territorio y silencio. Cuando controla territorios genera miedo. Cuando amenaza autoridades intenta imponer silencio. Y cuando consigue esconder su dinero asegura su supervivencia.

La muerte de un jefe narco puede terminar con una persona, pero no necesariamente con el negocio. Si permanecen intactas las redes financieras que permiten comprar armas, adquirir propiedades, financiar organizaciones y lavar ganancias, otro ocupará rápidamente el lugar dejado por quien murió.

Por eso lo ocurrido en Lo Espejo debería obligarnos a mirar más allá de la balacera. El problema no termina en la población. Continúa donde el dinero ilegal consigue transformarse en dinero aparentemente legítimo. El narcotráfico puede temer a la policía y a la cárcel, pero probablemente teme todavía más a un Estado capaz de seguir cada peso hasta descubrir quién participa de su estructura económica. Chile necesita enfrentar esa discusión sin ingenuidad y con todas las garantías democráticas necesarias. Porque mientras la ruta del dinero permanezca oculta, seguirá abierta una pregunta que la ciudadanía tiene derecho a formular: ¿Qué estamos protegiendo realmente cuando protegemos demasiado el secreto del dinero?

Lo más probable es que si realmente se persigue el camino del dinero, no solamente será allanadas viviendas de los barrios modestos, también los allanamientos y las detenciones llegarán al barrio alto.

Miguel Almendras - Luis Gonzalez
Miguel Almendras - Luis Gonzalez
Miguel Almendras es Profesor de Historia y Geografía. Magister en Gestión Educacional y Luis Gonzales: Técnico en Construcción, jubilado y miembro del COSOC Hospital Barros Luco.

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