Despierto. Aún está oscuro. Cierro los ojos y los mantengo así, con la esperanza de conciliar el sueño otra vez. Nada pasa.
Cuento los segundos imitando a un reloj. Cuento los minutos.
Llego a las horas y temo no poder detenerme en toda la noche, por lo que desisto. Aburrida, pruebo contar ovejas para confirmar ese viejo mito, e incluso juego a crear figuras en el aire con la mirada. Dicen que la esperanza lo es todo, pero no lo es. La realidad la despluma.
Ni un miserable rayo de luz toca a mí puerta.
Decepcionada y con más énfasis que antes, intento caer en los brazos de Morfeo, no obstante, la respuesta es la misma.
Mis ojos están abiertos y parecen salir de sus orbitas.
Ofuscada y sin querer sentirme una mala perdedora, acepto la tajante oscuridad con resignación. Sin embargo, no transcurre demasiado tiempo antes de que mi mente deambule, recogiendo los recuerdos de aquella esquiva claridad.
Ansiosa, imagino su suave entrada avanzando a ritmo sigiloso sobre los muros de mi habitación. Desplegándose tímida en translúcidos colores hasta convertirse en formas de sólida belleza, tan segura de sí misma, que es imposible no pensar que fue tocada por la certera mano de Dios.
Esclava de mis ansiedades, incluso extraño aquellos rayos veloces y disonantes que irrumpen avasalladores encegueciendo la mirada, para terminar cual ariete, develando la llegada innegable del amanecer.
También, la penumbra escasa que se cuela por los recovecos.
Esa penumbra que mantiene expectante y me lleva a olvidar que la luz me ha olvidado. Que ha decidido encerrarme en este espacio baldío donde todo y nada coexisten, donde la profundidad es infinita y no hay puertas cerradas que detengan mis deseos. Donde el techo de mi dormitorio puede estar a pocos centímetros de mi nariz y los muros casi rozar mis hombros, sin que reconozca mi féretro ni mi muerte, en aquel monólogo eterno donde el único personaje soy yo.
Tiene una palabra muy poderosa, he tenido el placer de leerla desde hace años y veo conmovida como ha crecido hasta ser tan envolvente, tan emotiva y evocativa. Admiro su fuerza y su tenacidad y creo que es una artista muy completa. Aún dibuja y pinta acuarelas, escribe y sonríe con la sonrisa más transparente que conozco.
pal insomnio me sirve mucho la respiración lenta… buen relato..
soy de Puente, ahora vivo en Australia… saludos a mi gente y su nuevo alcalde y a la autora…
suelo no leer cuentos… y de repente apareción en mi cuenta face y bueno, por qué no leerlo y me gustó… tambien partes de mucha emoción… no poder dormir es un tortura
Gracias Ale por hacernos disfrutar de la lectura, siempre tus palabras conllevan tanta emoción y sentimiento. Tengo el placer de conocer a Alejandra desde hace muchos años, es una gran artista con gran talento , fuerza y tesón. Felicitaciones por el amor que le pones a lo que haces.
tengo insomnio intermitente y aprendí a sacarle proveho….