El analista geopolítico Sergio Rodríguez Gelfenstein expuso sobre la transformación del escenario internacional, marcada por el declive del liderazgo estadounidense, el avance de China y nuevas tensiones estructurales.
En el marco de una exposición sobre geopolítica contemporánea realizada en la cafetería Popular, en el barrio Yungay de Santiago, el analista internacional Sergio Rodríguez Gelfenstein abordó las principales transformaciones del sistema mundial, destacando el tránsito desde un orden unipolar —liderado por Estados Unidos— hacia una configuración cada vez más multipolar. Un escenario en el que el mundo parece fragmentarse entre quienes sostienen la hegemonía estadounidense y quienes observan el avance de nuevas formas de articulación global, particularmente desde el desarrollo tecnológico.
Durante su presentación, el especialista señaló que el escenario global actual está marcado por “batallas de poder” entre potencias, en un contexto de crisis cíclicas del sistema capitalista que derivan en tensiones estructurales. En este marco, sostuvo que Estados Unidos continúa siendo un actor central, aunque enfrentando un progresivo debilitamiento de su hegemonía. Una pérdida de control que, bajo la lógica neoliberal, ha tendido a reducir el análisis a lo económico, dejando fuera dimensiones clave como las disputas culturales, tecnológicas y políticas.
En su análisis, el expositor abordó además fenómenos políticos internos en Estados Unidos, haciendo referencia al liderazgo fallido de Donald Trump y su relación con tendencias nacionalistas, así como con procesos de centralización del poder en un escenario de creciente polarización. Rodríguez Gelfenstein también apuntó a una pérdida de influencia estadounidense en distintos ámbitos, vinculada tanto a conflictos prolongados como a reconfiguraciones estratégicas, entre ellas el rol de la OTAN y su evolución en el actual contexto internacional.
A su vez, destacó el posicionamiento de China como un actor clave en la disputa por el poder global, subrayando su desarrollo económico y la creciente proyección del yuan. Una moneda que comienza a tensionar el sistema financiero internacional, instalándose no solo como una promesa futura, sino como un actor relevante en el presente frente al dólar.
Por otra parte, uno de los ejes centrales de la exposición fue el impacto del modelo neoliberal, el cual —según planteó— ha generado consecuencias no solo económicas, sino también culturales y políticas que inciden en la configuración del orden internacional. En esa línea, el analista invitó a reflexionar sobre la lógica competitiva del sistema global, señalando que las relaciones entre potencias se rigen por una dinámica en la que “si un actor pierde o se debilita, otro avanza”, evidenciando una disputa constante por el equilibrio de poder.
Sin embargo, pensar el mundo actual únicamente como una competencia permanente puede resultar útil para comprender ciertas dinámicas, pero también corre el riesgo de naturalizar la confrontación como única forma de relación entre Estados. En tiempos de transformaciones globales, el desafío no es solo identificar quién gana o quién pierde, sino también cuestionar los relatos que ordenan esa disputa. Porque en geopolítica, como en toda arena de poder, lo que está en juego no es solo el territorio, sino también la forma en que lo entendemos.
En ese contexto, también cabe preguntarse hasta qué punto se seguirá validando liderazgos que no buscan articular, sino fragmentar. Figuras como Donald Trump no solo expresan una crisis interna en Estados Unidos, sino una forma de entender el poder basada en la imposición, la distorsión del debate público y una lógica profundamente individualista. Más que construir puentes, este tipo de liderazgos tensiona el escenario global, reduciendo la política internacional a una transacción, a una vitrina donde el mundo se observa —y se negocia— como si fuera una extensión de intereses privados. No hay proyecto colectivo ahí, sino una narrativa donde el poder se mide en control, acumulación y espectáculo.
Finalmente, quizás la pregunta ya no sea si Estados Unidos perderá su hegemonía, sino qué tipo de mundo estamos dispuestos a construir cuando esa hegemonía deje de ser el eje. Y en ese escenario, más que temer al cambio, vale la pena preguntarse si no es precisamente ahí donde comienza la posibilidad de un equilibrio distinto, porque cuando el poder deja de ser incuestionable, lo que realmente entra en disputa no es quién domina el mundo, sino quién tiene el derecho de imaginarlo.




