Cada día me preocupa más la campaña para ir destruyendo la educación pública con argumentos que para el común de las personas pueden llegar a ser relevantes al no conocer abiertamente las consecuencias de estos temas.
Me refiero a temas tales como, la inclusión educativa, la integración de niños con necesidades educativas especiales al sistema regular o la Ley Tea, el resultado de una lucha muy compleja que logro abrir espacios en el sistema educativo para estos niños.
Hoy se plantea, sin argumentos claros, que estos niños,/as y adolescentes, son los que generan grandes conflictos dentro de las aulas porque requieren de metodologías adaptadas a su condición y/o discapacidad y atención diferentes y por supuesto a cargos de especialistas que no siempre son contratados por los establecimientos educacionales o si lo hacen, no siempre se les otorga el tiempo real para desarrollar su trabajo profesional de forma adecuada. Y este no siempre es en realidad un casi nunca.
La ley Tea y su implementación es hoy la primera herramienta que se está usando para poder retroceder con esta inclusión, al acusar que los graves problemas de violencia en las escuelas están siendo propiciadas por alumnos que presentan esta condición y al categorizar a todos sin distinción. Los padres y apoderados que desconocen los reales diagnósticos y las capacidades que estos alumnos poseen, inician una campaña de no aceptación de estos niños y adolescentes en sus establecimientos.
Soy profesora diferencial y conozco a cabalidad que no todos los establecimientos educacionales poseen los programas de atención para estos niños, en especial si estos establecimientos no pertenecen a los SLEP. En tal caso, la atención de estos alumnos recae en las posibilidades económicas de sus padres y en su propia preocupación, lo que a veces, disminuye notablemente la atención de apoyo constante de profesionales, entre ellos:: terapeuta ocupacional, fonoaudióloga y/o profesor diferencial o psicopedagoga.
Con este relato he llegado a escuchar opiniones algo desafortunadas: «si no pueden adaptarse al sistema, deben estar en escuelas especiales», llamando a una discriminación muy fuerte hacia estos niños y adolescentes.




