Crónica desde las butacas del Salón de Honor, donde el traje importa más que el PIB
El pasado lunes 1° de junio, como cada año esta República de Chile vivió uno de sus rituales más solemnes: el Presidente José Antonio Antonio Kast o Pepe Zanjas para quienes lo estiman menos, encabezó por primera vez la Cuenta Pública ante el Congreso Pleno en Valparaíso, ceremonia que, según expertos en protocolo, requiere exactamente el mismo nivel de concentración que una misa tridentina, aunque con más tecnología pertinente si bien la tecnología para que el presidente pudiera leer de corrido, al parecer falló. Cerca de 950 personas llegaron hasta el Salón de Honor, todas con cara de estar viendo algo histórico, aunque muchos, vale decir, todos menos los mismos dos despistados de siempre, con cara de haber madrugado demasiado temprano o derechamente, andar con caña. Gabriel Boric, el predecesor, se excusó con elegancia y mostró imágenes fuera de Chile paseando a su retoño junto a la mama de ésta, quien también es la actual pareja del joven ex presidente. Michelle Bachelet tampoco confirmó asistencia, al estar en su despliegue como candidata a la Secretaría de las Naciones Unidas, lo que implica dar exámenes rigurosos para una instancia que poco se mete en el desorden mundial marcado por la métrica de los misiles. Ricardo Lagos ni se inmutó y dedicado a regarlas las plantitas, disfruta del orden como jamás lo había hecho. De repente se aprecia viene una protuberancia entre grande y enorme, que consume una montonera de segundos para dar paso a ese semblante del ex presidente Eduardo Frei R-T, en cuyo rostro, uno diría, pocas veces se aloja una alegría. Lalo Frei disfrutó de su asistencia tooo el rato y casi de cualquier manera.
El actual mandatario, hombre de pocas metáforas y muchos registros, abrió su discurso como quien entra a una reunión de condominio con carpeta bajo el brazo: con orden, con cifras y con la firme convicción que el vecino del piso de arriba dejó todo desordenado y el de abajo no paga las cuentas. Con una crítica explícita al gobierno anterior y a la ineficacia del Estado, Kast centró su primer discurso en dar cuenta de la gestión desde el 11 de marzo, dejando en claro que los problemas del país tienen nombre, apellido y militancia. En un discurso que se extendió por 2 horas y 24 minutos, el Presidente demostró un impresionante ahorro de tiempo al ser más conciso —comparado con Boric, que en 2023 habló más de tres horas y media— aunque «conciso» en política chilena sigue siendo el tiempo suficiente para que se enfríe el café del periodista de turno, el público empiece a bostezar, las personas en las casas hagan otros asuntos y los odiosos en las calles den rienda suelta a la protesta.
El plato fuerte, como era previsible en un gobierno cuyo eslogan podría ser «más rejas, menos burocracia«, fue la seguridad. Se anunció la creación de Siete Fuerzas de Tarea coordinadas bajo el Ministerio de Seguridad Pública para combatir crimen organizado, narcotráfico, ciberdelito, finanzas criminales y violencia en la Macrozona Sur. Siete fuerzas de tarea suenan impresionante, casi como los Power Rangers, aunque con más facultades autónomas y menos trajes de colores. La joya de la corona fue, sin duda, la creación del Registro de Vándalos e Incivilidades, que incluirá tanto a condenados por crímenes como ataques a carabineros y daños a monumentos, como a ciertas «incivilidades» como rayados y consumo de drogas en la vía pública, tirarse peos en la escala mecánica y usar palabras malsonantes contra el gobierno. Es decir, en la nueva arquitectura republicana, rayar un muro, atacar una comisaría quedan lo demás, son conductas fuera de la chilenidad.
Todo esto ocurrió mientras la contracción del 1,2% del Imacec en abril respecto del mismo mes de 2025 servía de telón de fondo, ese dato económico que nadie quiere mencionar en el discurso pero que flota en el ambiente como olor a humedad en departamento antiguo. Las reacciones en redes fueron divididas: uno de los ejes de conversación fue ironizar con los conceptos «metáforas» y «estafa», acusando que el Presidente «sigue en la campaña presidencial», mientras el oficialismo aplaudía con la misma convicción con que uno aplaude en el cumpleaños del jefe. Al final del día, Chile hizo lo que mejor sabe hacer: dividirse en dos, discutir intensamente, y esperar al próximo 1° de junio para volver a empezar, pero aun quedan 3 más.




