
A lo largo de la última década, los jóvenes de Chile han sido protagonistas de una época que la historia seguramente recordará en sus páginas; en particular, sobre los años de movilizaciones tanto de estudiantes secundarios (2006) y universitarios (2011). Lo que precisamente nos dicen estos diez años, que podrían caracterizarse como el “despertar” del movimiento social juvenil, es que ante la inercia de los parlamentarios y las instituciones, resulta indispensable que toda la sociedad civil en su conjunto se organice, discuta y luche por un país más justo; y la punta de lanza de aquella hermosa tarea debe ser la juventud, expresada en esos miles de jóvenes que se resignan a continuar con el Chile que nos legó la transición.
A nivel país, poco a poco se han visto avances en distintas materias (fin al binominal, ley de inclusión escolar, gratuidad en la educación superior, etc.); y que hubiesen sido impensables siquiera hablar de aquellos temas diez años atrás, cuando la misma generación que había luchado contra la dictadura, en tiempos de democracia prefirió –ya fuese por conveniencia o por miedo— preservar el orden cultural, social, económico y político existente con tal de no volver a esos oscuros 17 años de régimen dictatorial.
Pese a los avances en el plano nacional, nuestro país está muy al debe en cuanto a lograr ser un país garante de derechos, y más aún; en ser una nación realmente democrática. A nivel local, y con esto me refiero a la situación de Curacaví, resulta inexplicable que ante la inercia de un municipio en materias como salud, educación, delincuencia, entre otros temas; los/las curacavinanos/as no entiendan la responsabilidad histórica que tenemos para con nuestro pueblo.
Fui un activo participante de los Encuentros Ciudadanos que se realizaron durante el año pasado, donde a raíz de una convocatoria abierta llegaron personas de distinto color político a reflexionar sobre los problemas de la comuna y cómo llegar a solucionarlos. En este sentido, las reflexiones convergían en un mismo diagnóstico: sin el municipio no se pueden solucionar las problemáticas. En relación a esto, es probable que a nivel institucional dicho análisis sobre la necesidad de tener un municipio a la altura de las necesidades de nuestra comuna sea cierto; pero si lo anterior no sucede en los hechos, es responsabilidad de la población organizarse y empujar tanto desde afuera (movilizaciones e instancias sociales) como desde adentro (consejo comunal) las demandas más sentidas por todas y todos nosotros: recuperar el Puangue, la problemática de la basura, delincuencia, mejorar la salud, desarrollar un plan educacional para mejorar los pésimos resultados en las pruebas de medición, transporte, etc.)
Lo anterior es una tarea social y política que debe ser asumida por todas y todos nosotros, puesto que de no volvernos protagonistas de nuestro propio futuro; los vientos de cambio no llegarán nunca, y eso no nos lo perdonará la historia.




