
Valeria Vidal Bravo, licenciada en artes, dramaturga, profesora, directora de la Compañía de Teatro “el Semillero” de Casablanca. Siendo adolescente llegó a esta zona, para ella una tierra fértil, de generosos viñedos y grandes talentos artísticos. Es una mujer de ojos juguetones, de sonrisa contagiosa, de una energía que fluye como un manantial poderoso. Sus inquietudes la llevaron a trabajar en las áridas tierras de Antofagasta. Se vino más cerca de su familia para aportar con su talento en el puerto principal, en donde ha recorrido muchas veces sus coloridos cerros para formar actores. Conocer Chile y su gente la llevó a participar activamente en las temporadas de teatro de Puerto Montt y Valdivia. Hoy está sembrando en su terruño amado.
Valeria dice con mucha fuerza que, cuando joven pensaba cambiar el mundo, hoy quiere que el mundo no la cambie a ella. Señala que está casada con el teatro. Es una pasión de vida, que hace que uno se olvide de sí mismo, es como una marca de nacimiento que no te puedes sacar y lo más hermoso es que la quieres tener para siempre. Escribir una obra de teatro es como dar a luz, con toda la alegría de dar vida, y ésta una vez que nace, sale a caminar por el mundo.
Al igual que García Lorca, ella quiere entender el tiempo que se vive. Asume una responsabilidad frente a la sociedad, le carga mentir y siente que en sus obras está diciendo la verdad. Con sus alumnos está reconstruyendo el pensamiento, creando hombres y mujeres conscientes del mundo en que viven. El teatro es provocador, no hay control, las cosas suceden sobre las tablas.
Sus primeros pasos los dio haciendo performance, nos dice que es ahí donde escribe con el cuerpo, es la obra de arte. Por ese camino fue encontrando su vocación, el oficio del teatro donde regala generosamente su talento, para formar en su semillero de la vida. Si bien trabaja con jóvenes también lo ha hecho con adultos, lo que le ha permitido escuchar bellos testimonios de vida, llenos de amor y sabiduría, son éstos quienes más empatizan con sus personajes, convirtiéndolos en hermosas obras de teatro.
Toda pasión por las artes tiene sus exigencias; sentencia a quien la acompañe en su vida a compartir su amor por el teatro, compartir su pasión. Se siente feliz porque su pareja no sólo la acompaña en su sueño, sino que la comprende, es un apoyo y fiel admirador de su trabajo. Allí, en medio de las butacas rojas del Centro Cultural de Casablanca, con sus ojos mirando a lo lejos, nos confidencia su anhelo: tener una escuela de formación al servicio de las artes; para crear, difundir, provocar, hacer surgir como pétalos de flores tanto talento que existe en este fértil valle. Admira las artes y lo disfruta.
EL TEATRO ES LA VIDA MISMA, LLEVADA A LAS TABLAS.




