Al parecer resulta bastante inútil el horario de restricción al menor desde las 21 horas por televisión. Todo indica que muy pocos niños y preadolescentes están frente a una pantalla a esa hora de la noche.
Sólo bebés y pequeños desde los 3 a los 5 años ven televisión -en casa o en jardines infantiles- preferentemente los tradicionales “monitos animados”, hoy en día sobre todo «animés» japoneses o coreanos del sur.
La teleaudiencia mayoritaria en televisión abierta es mayor de edad. Según un estudio del Consejo Nacional de Televisión (CNTV), tienen más de 35 años y los que están más horas ante la pantalla superan los 65 años.
El año 2024 fue el de menor alcance de la televisión en la última década, llegando a un promedio anual de 3,4 millones de personas solamente. Más del 60% de esa audiencia es mayor de 50 años.
El público va envejeciendo. Los mayores de 65 años -según este estudio- dedican cinco horas y 30 minutos al día a la pantalla; los que tienen entre 50 y 64 años tres horas y53 minutos y el público entre 35 y 49 años ve apenas tres horas y 14 minutos diarios.
Por su parte, los niños entre 4 y 12 años consumen dos horas y 45 minutos, entre los 13 y 17 años sólo dos horas 49 minutos. El 61% de estos menores tiene en su poder un smartphone (teléfono “inteligente”) y por ende lo usa para contenidos audiovisuales (redes sociales, videojuegos y diferentes plataformas).
De las 68 mil 399 horas de transmisiones en 2024 de los canales de mayor audiencia (Mega, CHV, Canal 13 y TVN), el 26% corresponde a noticieros, el 15% a programas misceláneos (matinales), 13% a espacios de “conversación”, el 12% a reportajes, el 10% a series y miniseries y el6% a telenovelas y otro 6% a telerrealidad. De lunes a viernes, el 37% de los contenidos vistos son informativos; un 20% matinales y un 18% telenovelas.
Precisamente los noticieros comienzan cuando termina el llamado “horario de protección al menor” y tienen una duración promedio de una hora, incluida cansadoras tandas comerciales. En general, los reportajes se refieren a coberturas sobre temas de la delincuencia, el narcotráfico, la violencia, el crimen organizado.
Excepcionalmente se abordan temas vecinales, escándalos o estafas financieras y conflictos con autoridades o irregularidades en la administración pública.
Los matinales se dedican en gran parte a estos mismos temas, que son tratados en el área informativa como en la de entretenimiento sin ningún enfoque o matiz diferente. De esta manera, los contenidos se entrecruzan, se reiteran y terminan desincentivando su seguimiento.
Los espacios de “conversación” versan sobre todo en el llamado mundo de la farándula, las actividades de chicas y chicos realitys, modelos, animadores, conductores, actrices o actores protagonistas de programas de entretenimiento.
Como hemos reiterado en estas mismas columnas, los programas “políticos” se limitan a los clásicos Tolerancia Cero, Estado Nacional, Aquí se debate, De frente y otros donde rotan los mismos dirigentes políticos y parlamentarios hasta el hartazgo o la saciedad.
El interés por la contingencia y los temas de actualidad son los que atraen al público mayor, aunque en períodos de campañas electorales se entiende que deberían captar la atención de una teleaudiencia mayor, cuestión que se observó tenuemente durante la precampaña de las recientes primarias presidenciales del oficialismo.
Tras el triunfo de la ex ministra del trabajo, Jeannette Jara, los grupos económicos, grandes empresas y transnacionales presionan por imponer las candidaturas de la derecha, las favoritas de las AFP, las Isapres y el retail, en detrimento de la postulante de la alianza progresista a la Moneda.
Se entiende que las personas de criterio formado no deberían caer en el garlito del anticomunismo y demás artilugios de la actual campaña del terror desatada por los poderes fácticos y los intereses creados en la TV. Se trataría -mejor- de envejecer con dignidad.




