Hoy es Venezuela

Fecha:

Ayer, 3 de enero de 2026, estuve con mucha pena.


No fue una pena ideológica ni de consigna. Fue una pena honda, de esas que nacen de la memoria, del afecto y de la historia vivida

Se trata del amor a la Patria, de la soberanía de los pueblos y de la dignidad de nuestras naciones. Y de una convicción que no admite matices: nunca se debe solicitar, y menos apoyar, una injerencia extranjera en nuestros países.

Trump ha hablado de nuestros países como botín, ha dicho sin pudor que Estados Unidos “recuperará” petróleo y territorios que considera robados, y se ha referido a nuestros pueblos con desprecio, como si fuéramos incapaces de decidir nuestro propio destino. Escucharlo no solo indigna, también alarma.

Mi vínculo con Venezuela no es teórico ni discursivo. Es vital. Venezuela me acogió cuando Chile era persecución, miedo y exilio. Allí me formé como médica. Allí nació mi hijo. Fue un país generoso cuando muchos lo necesitábamos para seguir viviendo. Por eso mi amor por Venezuela es profundo y sincero, y por eso duele tanto ver lo que hoy se intenta hacer con ella.

Defender la autodeterminación de los pueblos no significa negar problemas internos ni idealizar gobiernos. Significa algo mucho más básico: que las diferencias se resuelvan entre los propios pueblos, con diálogo y democracia, no mediante sanciones, bloqueos, amenazas o intervenciones decididas desde otro país.

Hoy se intenta presentar al presidente Nicolás Maduro como un criminal, incluso se habla de captura internacional bajo acusaciones de narcotráfico. Al mismo tiempo, Donald Trump indultó recientemente al expresidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, quien había sido condenado en Estados Unidos por delitos vinculados al narcotráfico. La excusa pública fue que habría sido tratado “injustamente” y que su condena respondía a una persecución política. Al final, muchas veces no importa el delito, importa quién se alinea y quién termina arrodillado.

Resulta doloroso constatar que, además, una figura que ostenta el Premio Nobel de la Paz lleva años avalando sanciones y presiones externas contra Venezuela. Y hoy, el mismo poder al que se le imploró ayuda declara que María Corina Machado “no tiene las capacidades”. Se pidió intervención, se pidió tutela, y aun así llegó el desprecio. No es una anécdota: es una lección. Pedir una intervención militar extranjera contra el propio país no es valentía ni estrategia política: es un acto claro de traición a la patria.

Hoy es Venezuela. Y si los pueblos de América Latina guardamos silencio, mañana serán más países. Si no nos ponemos de pie con dignidad y coraje, nuestra América Latina será el botín de Estados Unidos.

Ya sabemos cómo termina esta historia: primero atacan a otros y creemos que no nos afecta; después el cerco se cierra, y cuando nos toca a nosotros, ya no hay voces que se levanten. No es una metáfora: es una advertencia.

Dra Ariadne Conte Ch-T
Dra Ariadne Conte Ch-T
Médico cirujano residente en Curacavi desde 2003. Presidenta de Fundación Sembrando Dignidad. Tiene una profunda conexión con los animales y pasión por la medicina.

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