Con Prat en el corazón

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A propósito de la conmemoración del 21 de mayo de 1879, no cabe duda de que aquel fue un acto de heroísmo protagonizado cuando nuestra patria recién comenzaba a crecer y a formarse como nación. Un héroe en el momento preciso; más aún, cientos de héroes en el instante decisivo, luchando por este país, creyendo que lo hacían por el bienestar de sus familias y por la construcción de un futuro más próspero para quienes habitaban esta tierra.

Hombres que entregaron su vida. Hombres que se transformaron en baluartes para otros hombres. Ejemplos inspiradores, dicen algunos. Y vaya que lo fueron. Pero es preciso señalar que esos héroes no pueden ser inspiración para quienes, usando el uniforme de Prat, degradaron las instituciones de la República. No pueden ser reflejo de aquellos que torturaron en la Esmeralda ni de quienes vulneraron el derecho a la vida de miles de chilenos a lo largo del país.

Ellos no representan lo que Prat y los suyos hicieron en Iquique. Representan el crimen, la soberbia y la ignominia; representan también el sometimiento a intereses y potencias extranjeras que buscaron apoderarse del destino de Chile.

Por eso, en este 21 de mayo, recuerdo aquel ejemplo heroico, ese mismo ejemplo que desde niño me hizo desfilar orgulloso en mi escuela. Recuerdo a ese hombre que ingresó siendo apenas un niño a la institución que amaba; que luego se formó como abogado; que fue también un esposo amoroso y un ciudadano ejemplar.

Quiero reivindicar el orgullo que siento por esos héroes verdaderos, no por los criminales que deben quedar relegados al juicio severo de la historia. Tal vez no al olvido de la memoria humana —porque la memoria es necesaria—, sino al recuerdo permanente de aquello que nunca debe repetirse.

Nuestros símbolos patrios pertenecen a todos los chilenos. No debemos renunciar a ellos. No debemos confundir a aquellos hombres que contribuyeron a construir esta nación con quienes degradaron sus instituciones mediante la violencia y el abuso.

Vivan Prat y los suyos. Vivan aquellos patriotas verdaderos que defendieron el honor del Ejército, de la Aviación, de Carabineros y de la Marina en 1973; muchos de los cuales pagaron con el exilio, con la tortura o incluso con la vida por mantenerse fieles a sus principios.

Ellos también fueron herederos del ejemplo de Prat: hombres que entendieron que el honor de la patria jamás puede separarse de la dignidad humana, de la justicia y del respeto a la vida.

Miguel Almendras Orellana
Miguel Almendras Orellana
Miguel Almendras Orellana. Profesor de Historia y Geografía. Magister en Gestión Educacional

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