Ocurre algo especial cuando, desde este continente desparramado de polo norte al sur, con el sur soportando las diatribas del norte, se entiende en exclusiva el progreso económico individual en el rango moral absoluto. Eso resulta trabajoso, pero se vuelve hilarante a la hora de dejarlo aparejado a la criminal humorada de unos payados asesinos, sacados de la película It, de cuyo guion se encargó el mismísimo Stephen King. El cuarteto de payasos de este continente: Trump, en el trombón, Kast en la batería -sin ninguna coordinación-, Milei de cantante con voz de desesperado y Noboa en las cuerdas sin entender cómo percutirlas, desafinan y se salen de las líneas melódicas a cada rato y les importa poco.
En la república de los guaripolas desorientados, Chile, no sorprendería ver al Presidente José Antonio Kast firmar un decreto para declarar al marxismo cultural responsable oficial de las lluvias torrenciales de junio, que aun no llegan, el alza del pan, que ya llegó y la mala recepción del celular en el ascensor -nada qué hacer ahí-. Hay gilipollas que reclaman por eso y culpan al gobierno de turno y el gobierno de turno ejercita las metáforas con las rimas de la mentira. Tampoco sorprendería saber que desde su despacho —decorado con un retrato en conjunto de Jaime Guzmán y Hayek y una foto de Pepe Zanjas en misa de las siete— el mandatario anuncie la creación del Ministerio de las Buenas Costumbres, cartera que sería encabezada por una comisión de doce señoras de la UDI, el Partido Nacional Libertario, RN y unas viejas huevonas de Buin. Juntas, elaborarán la lista de películas sospechosas en Netflix. Mientras la oposición intenta responder, pero está ocupada en su quinta reunión de la semana para acordar en qué reunión de la semana siguiente se pondrán de acuerdo. En la calle, el dólar sube, el Metro tiene fallas, y un diputado oficialista explica en CNN Chile que todo eso es, técnica y explícitamente: culpa de Allende. Tras ser consultado por la situación en el país, veremos al vocero de gobierno señalar que Chile «va en la dirección correcta», sin especificar si esa dirección tiene retorno, ni menos fijarse qué tan cerca se está del abismo.
Al otro lado de la cordillera, en Argentina el rey del desquicio, Javier Milei, motosierra en mano, da cuenta de un tuit borrado a las 3 de la madrugada, de cuyo contenido se sabe: el Presidente Milei pasó el fin de semana en Olivos debatiendo con sus perros clonados —Conan I, Conan II, Conan III, Conan IV y el nuevo, Conan Austríaco— sobre la mejor manera de explicarle al FMI que la inflación del mes pasado fue, en rigor, un fenómeno emotivo ideado por Cristina Fernandez de Kircher y su kirchnerismo residual. Se queda en blanco con una sonrisa que no es sonrisa y aclara: el Banco Central, no será clausurado, tal como prometió en campaña. Por otro lado, La Secretaría de Comunicación emite un comunicado aclarando que el Presidente no había insultado a nadie en X y que las ocho personas a las que llamó «zurdos empobrecedores de mierda» lo merecían, y que la motosierra es un símbolo, no una amenaza, aunque igual piden no acercarse. En el Congreso, La Libertad Avanza presentará un proyecto para eliminar el Estado, el cual se derivará a una comisión, donde permanecerá hasta que el Estado lo archive. El dólar blue cierra a un valor que ningún economista podrá explicar, pero se pondrán el parche antes de la herida y sabrán encontrar alguna frase del tipo: lo dijimos. Argentina, como siempre, en la dirección correcta, aunque nadie sepa cuál es esa dirección.
En Ecuador, Daniel Noboa, el niño bien que heredó el caos y le puso marca, hace de las suyas y no es una mala apreciación ver como ese presidente gobierna con la misma energía emprendedora con que se lanza una línea de ropa deportiva: mucho branding, colores llamativos y la promesa que el modelo te va a cambiar la vida; otro asunto es si la talla le quede a alguien. Noboa es el presidente, que heredó un país en llamas y decidió que la solución era ponerle más llamas y a la par de las series de streaming: anuncia nuevas operaciones militares con nombres en inglés; tiene un estado de excepción en una provincia que ya tenía estado de excepción y una alianza estratégica con el sector privado que básicamente consiste en que el sector privado esta vez, si hará lo que quiera, sin restricción. Y no es extraño encontrar en las páginas de prensa local la voz oficialista con el tono que la situación fiscal es robusta, palabra que en Ecuador significa que el préstamo llegó pero nadie sabe cuándo hay que devolverlo, ni cuánto.
Mientras en EEUU, Donald Trump escribe el párrafo más grandioso jamás escrito. Por ironía, esa fijación con lo grande, hace de EEUU un país pequeño, si se le compara con China, por ejemplo. Las publicaciones de Truth Social, posteriormente eliminadas muestran a un Trump medio dormido en el Despacho Oval firmando órdenes ejecutivas que impactan sólidamente a unos pocos para bien y a otros muchos para peor. Agravada la situación interna casi con tanta mala intención como la externa, Donald propone, con la fuerza de una indicación, el cambio de nombre del Golfo de México por otro que ningún organismo internacional reconocerá pero que aparecerá sin falta en la mercancía de recaudación republicana del año próximo. No nos alarmemos si luego vemos a una Caroline Lewit exhausta de euforia al calificar esta medida como «histórica”, «transformadora» y otras pelotudeces más. Los demócratas por su lado, podrían emitir un comunicado expresando profunda preocupación, grave preocupación, y esa variedad específica de preocupación performativa que genera tendencia durante cuatro horas y no produce legislación alguna.
Si bien esto es mera especulación, tampoco se trata de inventos sin ninguna relación con la realidad, una realidad que duele y asusta a quienes envían a los departamentos de salud mental de respectivos sistemas de salud casi en las ruinas, a personas que solo ven: los bolsillos no están rotos pero están vacíos, sienten el amor como amor y no encajan de ninguna manera en lo que se espera, las personas encajen. El mismo sistema luego permea a quienes les da lo mismo lo que se haga pues, desde su ostracismo y ceguera, todo marcha de películas. El final de esta peli en rodaje, impactará no solo a los televidentes, sino que a todos, por cierto, no por igual: los buenos siempre mueren primero; los canallas apagan la luz.




