tras la fuga de las nubes,
se ve los perros
aprendieron a no necesitarnos,
olvidados pues es fácil hacerlo,
fue despacio, y en la esquina
el perro olvidado aprende del dolor,
el hambre, el frío,
la mano inexistente.
vemos cómo ellos cruzan las plazas
y nos parece el mundo les pertenece
de una manera distinta,
es sencillo, no tienen orgullo,
tal vez un acuerdo tácito
entre ellos y el suelo.
no te miran a los ojos. o si lo hacen,
es similar a quien mira una nube:
con su cola inmóvil pues nada importa,
con la distancia aprendida a portazos.
en cada barrio o entradas o salidas
de los pueblos aledaños a una carretera
los perros comunitarios,
pertenecen al barrio
a la esquina
a la plaza
al olor de la mañana
Yourcecar decidió dejar agua y pan
en la puerta de su casa
a la espera de esos perros
regresan del bosque o van
de una calle a otra.
García Marquez llevaba perros callejeros
a su casa
era su manera
de recoger esas verdades incómodas
todos han dejado atrás
y olvidan
un perro callejero
tiene la dignidad
nunca tuvo
un tipo con corbata
Jorodowsky vio en los perros callejeros
a un maestro zen
viven exactamente su tiempo
sin ese ayer todo lo aplasta
sin ese mañana prepara el engaño
y la espera siempre tiene su turno
llegará un día el perro de Pavese
tras pasar el umbral
en una tarde de silencio y sin vientos
ese testigo falto de palabras:
la verdad del otro lado del espejo
los viejos y las viejas
al final de sus días
no son capaces de amar
y pedirán perdón al can Cerbero
perros, perritos, patas y colas
sois todos dignos
de una dignidad extraña,
han aprendido a desentenderse de nosotros
pues antes nosotros
nos hemos desentendidos de todo
vamos perros
hijos ilustres de la comuna
crucen ya la calle
y muevan la cola a la indiferencia
ladren, jueguen y caminen
esos caminos ningún humano
será capaz de alcanzar




