
Fuente: La Tercera; por Alberto Labra
Ministro dice que entregar «certidumbre» a las familias «ha sido un concepto en disputa». Y agrega: «Quienes rechazan las reformas han tendido a la confusión». Además, aborda la participación de su partido, el PC, en el gobierno. «Son más los resultados positivos que los costos», sostiene, junto con pedir que se proyecte la coalición.
Esta semana, ante el riesgo de que la norma se transforme en un reemplazo de trabajadores encubierto, la bancada del PC mantuvo a firme su rechazo a las adecuaciones necesarias en caso de huelga. Es la segunda votación en bloque de los comunistas contra una disposición de La Moneda, luego del rechazo del partido al reajuste al sector público. Como titular de Desarrollo Social, el ministro Marcos Barraza -militante del PC- aborda el rol de su partido en esos y otros procesos del oficialismo, junto con marcar diferencias entre el papel que deben jugar los parlamentarios y un secretario de Estado.
¿Qué balance hace de estos primeros dos años de gobierno?
Tengo una evaluación positiva. Son dos años en que los principales contenidos del programa se han desplegado. La agenda ha logrado abordar a plenitud el problema de la desigualdad. Se están dando pasos sustantivos en la calidad de vida de las familias, igualdad de las personas y oportunidades. Es un programa completo, y se ha tenido la habilidad de poder implementarlo con los énfasis y particularidades que requiere.
¿Y su evaluación sobre la participación del PC en el gobierno?
Hago una evaluación satisfactoria. Hemos contribuido con responsabilidades en diferentes ámbitos, lo que ha permitido dotar a las políticas públicas de una sensibilidad social.
Algunos creen que el partido ha pagado costos en su relación con los movimientos sociales.
Son más los resultados positivos que los costos. Nuestra contribución al gobierno también tiene que ver con materializar aspiraciones. En los espacios en los que nos ha tocado estar, eso ha sido una contribución.
¿Y cuáles son los costos?
En el ejercicio de estar en el gobierno uno adquiere responsabilidades mayores: uno, como partido, tiene que abarcar más temas.
¿Se pierde la independencia?
Cuando uno es parte del gobierno, uno naturalmente está comprometido con ese gobierno, con su programa y con su quehacer.
¿Es compatible estar con un pie en La Moneda y otro en la calle?
Es una falsa dicotomía. La conclusión facilista sería pensar que los otros partidos no tienen expresión social, y sí la tienen. El movimiento sindical es autónomo, pero también en él participan diferentes partidos, no sólo de la Nueva Mayoría. Tener sensibilidad social y a la vez tener participación en el gobierno, retroalimenta al gobierno.
Ud. dice que esto los compromete, pero el PC protagonizó dos votaciones en contra del gobierno: reajuste al sector público y adecuaciones necesarias.
El PC no fue el único. También hubo de otros partidos. Sin embargo, lo que es destacable es que el conjunto de la Nueva Mayoría apoyó la reforma laboral.
No fueron los únicos, pero votaron en contra en bloque.
Como gobierno debemos impulsar una reforma que contribuya a mejorar las relaciones laborales. A veces los diputados expresan intenciones distintas. Eso no tiene mayor complicación cuando lo fundamental -el compromiso con el programa- está resguardado.
¿Comparte o no esa postura que marcó el PC?
En este caso naturalmente que estoy de acuerdo con el planteamiento que hace nuestro gobierno.
El PC finalizará su proceso de congreso partidario el próximo fin de semana. Uno de los temas a debatir es si continuar o no en la Nueva Mayoría, que ha vivido fuertes tensiones. ¿Es viable para usted la proyección del bloque?
Hay que partir de una evaluación, y la evaluación es que, pese a las tensiones, lo que tenemos es un saldo positivo y una proyección de políticas públicas con enfoque de derecho que le cambia la vida a las familias. Si uno quiere abordar otras reformas en un próximo gobierno, necesariamente tiene que hacerlo pensando en la consolidación y proyección de la Nueva Mayoría.
Si no continuara la Nueva Mayoría en un próximo gobierno, hay algunos que creen que la derecha podría intentar revertir algunas reformas. ¿Ve ese riesgo usted?
Reformas como la educacional llegaron para quedarse. Un sector importante de la derecha se opuso tenazmente a la educación gratuita y se opuso al fin del financiamiento compartido. Sin embargo, una vez que se consolida en esta primera etapa la educación gratuita, la discusión ya no es si es que la educación gratuita es pertinente o no, sino cuáles son los tramos y las coberturas a las que se debe llegar. Aquí hay reformas que llegaron para quedarse. Estas reformas van a perdurar en el tiempo. El desafío es convertirlas en políticas de Estado, especialmente en materia de derechos sociales, culturales y económicos. Y en ello naturalmente que uno extraña partidos de derecha con miradas más sociales desde el punto de vista de los derechos.
¿Cuál es su balance de la batalla comunicacional entre la derecha y la Nueva Mayoría en estos dos años? Le pregunto por los temores que busca instalar la derecha sobre el rumbo del país, algo que ha permeado a un sector de las personas.
El transmitir ideas que les den claridad, seguridad y certidumbre a las familias ha sido un concepto en disputa. Quienes rechazan estas transformaciones han tendido a la confusión. Siendo autocrítico, como Nueva Mayoría requerimos muchas veces de mayor claridad en la ideas y transmitir conceptos más claros, pero estamos mejorando.
El Ministerio de Desarrollo social tiene un impacto directo en la ciudadanía, justo lo que piden desde el oficialismo pensando en las municipales. ¿Qué medidas destacaría?
Primero, el registro social de hogares. Ha significado acercar el sistema de protección social a las familias y hacerlo más comprensible. Y enfatizaría dos desafíos. Primero, comenzaremos a legislar dos proyectos que fueron enviados al Parlamento, en materia de derechos de la niñez: el sistema de garantías, la creación de una Subsecretaría de la Niñez y de un Defensor de la Niñez. Con esto estaríamos pasando de una lógica en donde se abordaba la situación de un niño cuando ya era vulnerado, a abordar la situación desde sus derechos, antes de ser vulnerados. El otro desafío tiene que ver con la institucionalidad indígena para articular una política en la que se consagren derechos colectivos, donde la participación sea un componente activo y donde, especialmente, abordemos las deudas históricas en materia de derechos sociales, culturales y económicos con los pueblos indígenas. Ahora, esto no aborda todo. Por ello, un esfuerzo importante es que temáticas como el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas, el carácter del Estado pluricultural y la creación de escaños políticos sean debatidas en el proceso constituyente.




