El programa de gobierno de José Antonio Kast se presenta como una cruzada por la “libertad, la familia y el orden”. Sin embargo, tras esa retórica se esconde un proyecto profundamente regresivo: un retorno al neoliberalismo más duro, la entrega del país a los grandes grupos económicos y una política de seguridad basada en la represión y la militarización.
Un modelo de mercado contra los derechos sociales
Kast plantea que salud y educación deben dejar de ser derechos universales para transformarse en bienes de consumo. Bajo la lógica del “voucher” y la focalización, los chilenos más pobres recibirían subsidios para “elegir” dónde atenderse, mientras el Estado se retira de la provisión pública. Es decir, se busca desmantelar la educación y la salud públicas, fortaleciendo al mercado y profundizando las desigualdades.
Como si fuera poco, propone eliminar impuestos al patrimonio, herencias y contribuciones, favoreciendo directamente a los más ricos, mientras se reduce el gasto público y se limita la inversión social. En la práctica, los derechos dependerán del bolsillo de cada cual, consolidando un país para dos clases: quienes pueden pagar y quienes quedan abandonados a su suerte.
El gran perdonazo al empresariado
Uno de los puntos centrales del programa es la rebaja del impuesto a las empresas del 27% al 17%, un retroceso histórico que replica la política tributaria de la dictadura. Kast lo justifica como una medida para “fomentar la inversión”, pero en realidad significa un regalo multimillonario a las grandes fortunas y una pérdida gigantesca de ingresos fiscales.
Se trata de un perdonazo a los poderosos disfrazado de crecimiento económico. El costo lo pagará la mayoría de los chilenos con menos presupuesto para pensiones, salud, educación y políticas de equidad.
Seguridad: represión antes que derechos
El discurso de Kast construye la idea de un país en guerra interna para justificar medidas que atentan contra las libertades democráticas. Su programa propone:
• Militarizar de forma permanente la Araucanía.
• Ampliar los estados de excepción, permitiendo interceptar comunicaciones, arrestar personas en sus casas y restringir derechos fundamentales.
• Clausurar el Instituto Nacional de Derechos Humanos, debilitando la institucionalidad que investiga abusos de agentes del Estado.
• Endurecer penas y eliminar el “garantismo”, aumentando la población carcelaria sin abordar las causas estructurales del delito.
Es la receta clásica de la derecha autoritaria: más cárceles, menos derechos. La consecuencia será la criminalización de la protesta social, la persecución de la disidencia y un Estado policial que pone en riesgo la democracia.
El Chile que propone Kast
Kast no ofrece un proyecto de transformación, sino de restauración. No hay nuevas ideas, solo un reciclaje de la agenda neoliberal de los Chicago Boys, con la familia tradicional como excusa moral y el orden represivo como garantía para proteger privilegios.
El Chile que se dibuja en este programa no es uno más justo ni más libre. Es un Chile más desigual, más inseguro para quienes disienten y más dependiente del poder económico.
El riesgo del retroceso
El programa de José Antonio Kast no es un camino hacia el desarrollo, sino hacia la profundización de las brechas sociales y la consolidación de un modelo excluyente. Beneficia a los grandes empresarios, precariza a los trabajadores y amenaza los derechos fundamentales bajo la excusa de la seguridad.
Chile merece avanzar en justicia social, igualdad y democracia. Kast, en cambio, ofrece un salto atrás: un país para los de arriba, blindado con represión para los de abajo.
Fuente: ContraPoder Chile




